BLOQUE VI. LA CONFLICTIVA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL (1833-1874).
La oposición al sistema liberal: las Guerras Carlistas. .
El problema sucesorio En los últimos años de
la vida de Fernando VII, en octubre 1830, nació Isabel de
Borbón. Finalmente el rey había conseguido tener descendencia con su cuarta
esposa, María Cristina de Borbón. Unos meses antes del parto, en
previsión de que el recién nacido no fuera varón, el rey aprobó la Pragmática
Sanción por la que se abolía la Ley Sálica de 1713
que excluía del trono a las mujeres. Carlos María Isidro, hermano
del rey y hasta ese momento su sucesor, vio cerrado su camino al trono. Carlos
no aceptó los derechos de su sobrina al trono.
La guerra civil (1833-1839) Inmediatamente después de conocerse la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, se iniciaron levantamientos armados a favor del pretendiente Carlos. Comenzaba una larga guerra civil que iba a durar siete años.
El conflicto sucesorio escondía un enfrentamiento que
dividió política y socialmente al país.
En el bando isabelino se agruparon
las altas jerarquías del ejército, la Iglesia y el estado, y a ellos se unieron
los liberales, que vieron en la defensa de los derechos dinásticos
de la niña Isabel la posibilidad del triunfo de sus ideales.
En el bando carlista se agruparon todos los que se oponían a
la revolución liberal: pequeños nobles rurales, parte del bajo clero y muchos
campesinos de determinadas zonas del país, muy influenciados por los sermones
de sus párrocos y para los que el liberalismo venía a suponer simplemente
un aumento de impuestos. Todos estos grupos identificaron sus intereses con la
defensa de los derechos al trono de Carlos y los ideales que el pretendiente
defendía, el absolutismo y el inmovilismo absoluto. Ya durante el
reinado de Fernando VII, en torno a Carlos se había agrupado los denominados
"apostólicos", núcleo del absolutismo más intransigente.
El carlismo, como pronto se empezó a llamar al
movimiento que apoyaba los derechos de Carlos de Borbón, tuvo fuerte influencia
en Navarra, País Vasco, zona al norte del Ebro, y el Maestrazgo, en las
provincias de Castellón y Teruel. Esta distribución geográfica debe de
contemplarse en el contexto de un conflicto campo-ciudad. En la
zona vasco-navarra, Bilbao, Pamplona o San Sebastián fueron liberales a lo
largo de todo el conflicto.
El programa ideológico-político del carlismo se podía
sintetizar en el lema “Dios, Patria, Fueros, Rey”. Estos son los
principales elementos de su programa político:
· Oposición radical a
las reformas liberales. Inmovilismo
· Defensa de la monarquía
absoluta
· Tradicionalismo
católico y defensa de los intereses de la Iglesia
· Defensa de los fueros
vasco-navarros, amenazados por las reformas igualitarias y centralistas de
los liberales:
o Instituciones propias
de autogobierno y justicia
o Exenciones fiscales
o Exenciones de quintas
La guerra en el terreno bélico tuvo dos grandes
personajes: el carlista Zumalacárregui, muerto en el sitio de
Bilbao en 1835, y el liberal Espartero. Tras unos primeros años de
incierto resultado, a partir de 1837, las derrotas carlistas fueron continuas y
Don Carlos terminó huyendo a Francia.
La guerra concluyó con el denominado Convenio o Abrazo de Vergara (1839). Acuerdo firmado por Espartero y Maroto, principal líder carlista tras la muerte de Zumalacárregui. En el acuerdo se reconocieron los grados militares de los que habían luchado en el ejército carlista y se hizo una ambigua promesa de respeto de los fueros vasco-navarros. En realidad, se mantuvieron algunos de los privilegios forales y se eliminaron otros.
La implantación del Estado liberal durante las regencias de María Cristina y Espartero (1833-1843)
La identificación de liberales y seguidores de la Regente: Ante la minoría de edad de Isabel, María Cristina de Borbón asumió la Regencia a la muerte de su marido Fernando VII en 1833. Pese a que la Regente no se identificaba con su ideario, los liberales se configuraron como la única fuerza capaz de mantenerla en el trono. Así, María Cristina llamó a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, a formar un gobierno que hiciera frente a la insurrección carlista. Martínez de la Rosa emprendió una serie de reformas muy moderadas. Entre ellas destacó el Estatuto Real en 1834.
Se trata de una Carta Otorgada, concedida por la voluntad de la Regente, en la que se conceden algunas reformas:
Se establecieron unas Cortes bicamerales formadas
por la Cámara de Próceres, constituida por los Grandes de España y
otros designados de forma vitalicia por el monarca, y la Cámara de
Procuradores, elegida mediante un sufragio censitario muy
restringido. Solo los varones de más de treinta años que poseyeran
una renta superior a doce mil reales anuales tenían derecho de voto.
Estas Cámaras tenían funciones muy limitadas.
El monarca mantenía importantes poderes: podía convocar y suspender Cortes
cuando quisiera y cualquier ley, además de la aprobación de las Cámaras
necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto).
La escisión de los liberales:
La insuficiencia de las reformas de Martínez de la
Rosa, en un contexto de guerra civil contra los carlistas, llevó a que los
liberales terminaran por escindirse en dos grupos: moderados y progresistas. La
guerra civil culminó la división del liberalismo español, iniciada en el
Trienio Liberal.
Los liberales progresistas, antiguos exaltados,
mantendrán hasta 1868 el siguiente ideario:
· Limitación del poder
de la Corona
· Ampliación del sistema
de libertades
· Defensores de reformas
radicales como la desamortización de los bienes eclesiásticos y de los
ayuntamientos.
· Ampliación del cuerpo
electoral. Defienden un voto censitario más amplio.
· Elección popular de
alcaldes y concejales en los ayuntamientos.
· Liberalismo económico
y reducción de la protección arancelaria.
· Constitución de un
cuerpo armado, la Milicia Nacional, como garante de las libertades.
Los progresistas concentraron su apoyo social en las
clases medias urbanas: artesanos, tenderos, empleados...
Sus principales dirigentes fueron Espartero, Mendizábal, Madoz, Olózaga
y Prim.
A lo largo del reinado de Isabel II y la regencia de
su madre María Cristina solo estuvieron en el poder durante breves períodos:
1835-1844 y 1854-56 (Bienio progresista). La mejor concreción de su programa
fue la Constitución de 1837.
Hacia 1849 sufrieron una escisión por su izquierda,
naciendo el Partido Demócrata. Que defendían el sufragio universal,
la asistencia social estatal y una amplia libertad de asociación.
Los liberales moderados, antiguos doceañistas en
el Trienio, plantearon un programa mucho más conservador:
· Orden y autoridad
fuerte: fortalecimiento del poder del rey y restricción de las libertades.
· Rechazo de las
reformas que pusieran en cuestión sus propiedades, veían el exceso de libertad
como un peligro al poder ser utilizada por las clases populares. No obstante,
tras las desamortizaciones realizadas por los progresistas, no trataron de
devolver sus propiedades al clero o a los ayuntamientos.
· Sufragio censitario
restringido.
· Designación de los
ayuntamientos por el gobierno central.
· Supresión de la
Milicia Nacional.
Este programa se concretó en la Constitución
de 1845, Ley de Ayuntamientos de 1845y Ley Electoral de
1846.
Su apoyo social residía en las clases altas del país: terratenientes, grandes
industriales, burguesía financiera y comercial. Sus principales
dirigentes fueron Martínez de la Rosa, el general Narváez y Alejandro
Mon.
La Constitución de 1837:
En contexto de guerra civil, tuvo lugar en 1836
la "Sargentada de la Granja". Los sargentos de la Guardia
Real obligaron a la Reina Regente que descansaba en el palacio de la Granja a
suspender el Estatuto Real y proclamar la Constitución de 1812.
María Cristina tuvo que llamar a los progresistas al
poder con Mendizábal. Una vez en el gobierno, dándose cuenta de que
la Constitución de 1812 era inaceptable para los moderados, iniciaron un
proceso de reforma de la Constitución de Cádiz, buscando el compromiso con los
moderados mediante una serie de concesiones.
El nuevo texto constitucional tuvo las siguientes
características:
· Se establecía, sin
lugar a dudas, el principio de la soberanía nacional.
· El Estado se
organizaba siguiendo la división de poderes:
o Cortes bicamerales:
Congreso de los Diputados y Senado
o Todas las leyes
aprobadas por ambas cámaras
o El Senado nombrado por
el rey, tras elección de una terna por el cuerpo electoral.
o Poder ejecutivo:
el Rey.
o Otros poderes del
monarca:
§ Iniciativa
legislativa.
§ Veto ilimitado
§ El rey designaba a
senadores y nombramiento de ministros. Los ministros debía conseguir la “doble
confianza”, además de ser nombrados por el rey debían ser aceptados por las
Cortes.
§ En caso de desacuerdo,
el rey podía adoptar la disolución de las Cortes.
· Se recogían
diferentes derechos individuales y libertad de
imprenta.
· No se prohibían otras
religiones. El Estado se comprometía a subvencionar al clero expropiado con las
desamortizaciones.
En 1837, fuera de la Constitución que no determinaba
el tipo de sufragio, se aprobó una ley electoral que
estableció el voto censitario masculino. Tenían derecho de voto:
· Los mayores
contribuyentes (cuota impositiva mínima directa)
· Varones de determinado
nivel intelectual: miembros de las Reales Academias, profesores de la enseñanza
pública, doctores, licenciados, curas párrocos (“capacidades”)
En total unos 240.000 varones de más de 25 años 1/58
de la población… aún así, el fraude electoral era la norma
La caída de María Cristina y el rápido fracaso de la regencia de Espartero:
La oposición de la Regente a la Ley de Ayuntamientos
de 1840 (elección alcaldes y concejales), unido a diversos problemas ligados a
la vida privada María Cristina la forzaron a renunciar y a marchar fuera del
país. En su ausencia se nombró a un nuevo Regente: el General Espartero
(1841-1843).
Durante su corta regencia, se aceleró la desamortización
de los bienes eclesiásticos y se recortaron los fueros
vasco-navarros.
La firma de un acuerdo librecambista con Inglaterra
engendró grandes protestas en Barcelona que fueron duramente reprimidas. El
bombardeo de la ciudad llevó a que Espartero perdiera toda su popularidad,
incluso entre los propios progresistas.
Finalmente, una sublevación militar organizada por
los moderados, a la que se unieron algunos progresistas, precipitó el fin
de la Regencia de Espartero. Para salir del impasse político en el
que se hallaba el país, las nuevas autoridades aceleraron, pese a tener
solo catorce años, la coronación como reina de Isabel II.
Isabel II: la organización del régimen liberal.
La Década Moderada (1844-1854)
En mayo de 1844 se formó un gabinete presidido por
el General Narváez, la gran figura de los moderados. Estas fueron
las principales medidas que se adoptaron durante la siguiente década:
· Creación en 1844 de
la Guardia Civil, fuerza armada encargada de aplicar la ley y orden
esencialmente en el medio rural. Como medida complementaria se suprimió la
Milicia Nacional.
· Ley de
Ayuntamientos de 1845, que reforzaba el centralismo reservando al gobierno el
nombramiento de los alcaldes.
· Reforma del sistema
fiscal de 1845, elaborada por Alejandro Mon. Se estableció un
nuevo sistema fiscal más racional, eficaz y moderno, que puso fin al enrevesado
sistema impositivo del Antiguo Régimen.
· Ley Electoral de 1846 que
configura un verdadero régimen oligárquico. Se estableció un sufragio muy
restringido que limitó el cuerpo electoral a 97.000 varones mayores de
más de 25 años, lo que suponía el 0.8% del total de la población.
· Concordato de 1851. Acuerdo con la Santa
Sede por el que el Papa reconoció a Isabel II como reina y aceptó la pérdida de
los bienes eclesiásticos ya desamortizados. A cambio el estado español se
comprometió a subvencionar a la Iglesia y a entregarla el control de la
enseñanza y a encargarla labores de censura.
· La Constitución de
1845
o De carácter moderado,
se diferencia de la de 1837 en una serie de aspectos esenciales:
o Soberanía compartida
del Rey y las Cortes. Esto se concreta en un poder legislativo compartido por
ambas instituciones y en una clara preeminencia de la Corona en
el proceso político.
o Confesionalidad del
Estado: “La religión de la nación española es la religión católica”.
o Recorte de los derechos individuales, especialmente la libertad de expresión.
Del Bienio Progresista a la "Revolución Gloriosa" (1854-1868)
El Bienio progresista (1854-1856)
El poder cada vez más dictatorial de Narváez propició
un creciente descontento que culminó en un pronunciamiento de complejo
desarrollo. Iniciado por el general O'Donnell en Vicálvaro, el golpe
militar se radicalizó tras la publicación por los rebeldes del denominado
Manifiesto de Manzanares, lo que hizo que consiguiera un amplio respaldo
popular y animó a otros generales a unirse a la rebelión. Finalmente el golpe
triunfó y propició la formación de un gobierno presidido por el
progresista Espartero.
La otra gran figura del gobierno, el general O'Donnell creó
un nuevo partido, la Unión Liberal, que trató de cubrir un espacio
de centro entre moderados y progresistas, aunque gobernó junto a estos en el
inicio del bienio.
Durante este corto período destacaron las siguientes
medidas:
· La desamortización
general de Madoz en 1855 que culminó el proceso desamortizador, con
los bienes de los municipios.
· Unas nuevas Cortes
Constituyentes iniciaron la elaboración de una nueva constitución más
progresista que no llegó a aplicarse.
· Se adoptaron medidas
para propiciar la modernización económica del país como la Ley de
Ferrocarriles de 1855.
La vuelta de los moderados al poder (1856-1858).
La agitación social creciente provocó la ruptura entre
Espartero y O'Donnell. Nombrado el líder de la Unión Liberal presidente del
gobierno en julio de 1856 se inició un proceso de revisión de la labor del
bienio que finalmente trajo la vuelta de Narváez y los
moderados al poder en octubre de 1856. Se volvía así al régimen
moderado de la Constitución de 1845.
La Unión Liberal de O’Donnell (1858-1863)
Tras un período de dos años con Narváez y los
moderados (1856-1858), O’Donnell y la Unión Liberal volvieron al poder en
1858. Esta época estuvo marcada por la euforia económica ("boom"
de los ferrocarriles) y por el intervencionismo exterior:
guerra de Marruecos (1859-1860), intento fallido de recuperar Santo Domingo,
expedición a México, guerra contra Perú y Chile... Esta amplia actividad bélica
apenas dio ningún resultado práctico para el país.
La vuelta de los moderados (1863-1868)
La vuelta de Narváez al poder en 1863 marca el inicio
del período terminal del partido moderado. La inestabilidad política y la deriva
autoritaria de los gobiernos caracterizaron una etapa en la que la
bonanza económica llegó a su fin tras la crisis económica de 1864.
Los intentos de insurrección como el motín de San Gil
en Madrid en 1866 fueron duramente reprimidos. El creciente autoritarismo del
anciano Narváez llevó a la formación del Pacto de
Ostende: unionistas, progresistas y republicanos se aliaron para derribar a
Isabel II y el régimen moderado.
Sexenio Democrático (1868-1874). El
reinado de Amadeo I y la Iª República.
De la "Revolución Gloriosa" a la I República
Las prácticas dictatoriales de Narváez y González Bravo en los últimos gobiernos moderados extendieron la impopularidad del régimen moderado y de la reina Isabel II, que siempre les había apoyado. La crisis económica iniciada en 1866 acrecentó el descontento de la población. Finalmente, la muerte de Narváez en la primavera de 1868 descabezó al partido que había detentando durante tantos años el poder en España.
La muerte de O'Donnell en 1867
propició el acercamiento de la Unión Liberal, ahora encabezada por
el general Serrano, a los progresistas con el propósito cada vez
más definido de poner fin al reinado de Isabel de Borbón. Los progresistas,
dirigidos por el general Prim, y los demócratas,
partidarios del sufragio universal, habían firmado en 1866 el llamado Pacto
de Ostende por el que se comprometían en el objetivo de derrocar a
Isabel II.
Finalmente la sublevación estalló en septiembre de
1868. Iniciada por el unionista almirante Topete en Cádiz, al
pronunciamiento militar se le unieron rápidamente sublevaciones populares en
diversas zonas del país. Isabel II huyó a Francia. La que los progresistas
vinieron a denominar "Revolución Gloriosa" había
triunfado con gran facilidad en el país.
El Gobierno provisional (1868-1871)
Inmediatamente se estableció un gobierno presidido
por Serrano, con el general Prim en el ministerio
de Guerra. Unionistas, progresistas y demócratas conformaban el gabinete. El
nuevo gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio
universal. Los progresistas vencieron en unos comicios bastante limpios
para lo normal en la época y marcaron con su ideología la nueva constitución
que se aprobó al año siguiente.
La Constitución de 1869
La más radicalmente liberal de las constituciones del
siglo XIX, así, se habla de constitución “democrática” de 1869.
Estas son sus principales características:
· Soberanía nacional
· Sufragio
universal directo para los varones mayores de veinticinco años.
· Monarquía democrática,
con una serie limitación de los poderes del rey
· Poder ejecutivo en manos del
Consejo de Ministros
· Poder legislativo en unas Cortes
bicamerales. Ambas cámaras, Congreso y Senado, son elegidas por el cuerpo
electoral
· Poder judicial reservado a
los Tribunales.
· Amplia declaración de
derechos, reconociéndose por primera vez los derechos de reunión y asociación.
· Libertad de cultos
religiosos.
La Monarquía democrática: Amadeo I (1871-1873)
Tras aprobarse la constitución en la que se establecía
la monarquía como forma de gobierno, el general Serrano fue nombrado Regente y
Prim pasó a presidir un nuevo gobierno. Desechada la opción de los Borbones, se
inició la búsqueda de un candidato adecuado a la Corona entre las
familias reales europeas. Finalmente las Cortes eligieron como nuevo rey a Amadeo
de Saboya, hijo del Víctor Manuel II, rey de la recién unificada Italia, y
perteneciente a una dinastía con fama de liberal.
El mismo día de la llegada de Amadeo a España
fue asesinado el general Prim. El general progresista era el
principal apoyo del nuevo rey. Su ausencia debilitó grandemente la posición del
nuevo monarca.
Amadeo se encontró inmediatamente con un amplio frente
de rechazo. Aquí estaban grupos variopintos y enfrentados: los carlistas,
todavía activos en el País Vasco y Navarra; los "alfonsinos",
partidarios de la vuelta de los Borbones en la figura de Alfonso, hijo de
Isabel II; y, finalmente, los republicanos, grupo procedente del
Partido Demócrata que reclamaba reformas más radicales en lo político,
económico y social y se destacaba por un fuerte anticlericalismo.
Mientras la alianza formada por unionistas, progresistas y demócratas,
que había aprobado la constitución y llevado a Amadeo al trono, comenzó
rápidamente a resquebrajarse. Los dos años que duró su reinado se
caracterizaron por una enorme inestabilidad política, con
disensiones cada vez más acusadas entre los partidos que habían apoyado la
revolución.
Impotente y harto ante la situación, Amadeo I
abdicó a principios de 1873 y regresó a Italia.
Sin otra alternativa, era impensable iniciar una nueva búsqueda de un rey entre las dinastías europeas, las Cortes proclamaron la República el 11 de febrero de 1873.
La Primera República
La República fue proclamada por unas Cortes en las que
no había una mayoría de republicanos. Las ideas republicanas tenían escaso
apoyo social y contaban con la oposición de los grupos
sociales e instituciones más poderosos del país. La alta burguesía y
los terratenientes, los altos mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica
eran contrarios al nuevo régimen.
Los escasos republicanos pertenecían a las clases
medias urbanas, mientras las clases trabajadores optaron por dar su apoyo al
incipiente movimiento obrero anarquista. La debilidad del régimen
republicano provocó una enorme inestabilidad política. Cuatro
presidentes de la República se sucedieron en el breve lapso de un año: Figueras,
Pi y Margall, Salmerón y Castelar.
En este contexto de inestabilidad, los gobiernos
republicanos emprendieron una serie de reformas bastante radicales que,
en algunos casos, se volvieron contra el propio régimen republicano. Estas
fueron las principales medidas adoptadas:
· Supresión impuesto
de consumos. La abolición de este impuesto indirecto, reclamada por las
clases más populares, agravó el déficit de Hacienda.
· Eliminación de
las quintas. De nuevo una medida popular propició el debilitamiento
del estado republicano frente a la insurrección carlista.
· Reducción edad de voto
a los 21 años
· Separación de la
Iglesia y el Estado. Este dejó de subvencionar a la Iglesia.
· Reglamentación del
trabajo infantil. Prohibición de emplear a niños de menos de diez años en fábricas y minas.
· Abolición de la
esclavitud en Cuba y Puerto Rico.
· Proyecto
constitucional para instaurar una República federal.
Este programa reformista se intentó llevar a cabo en
un contexto totalmente adverso. Los gobiernos republicanos tuvieron que hacer
frente a un triple desafío bélico:
La nueva guerra civil carlista.
Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro, encabezó una
nueva insurrección carlista en el País Vasco y Navarra. Aprovechando el caos
general, los carlistas llegaron a establecer un gobierno en Estella,
Navarra.
Las sublevaciones cantonales.
Los republicanos federales más
extremistas se lanzaron a proclamar cantones, pequeños estados regionales
cuasi independientes en Valencia, Murcia y Andalucía, sublevándose contra el
gobierno republicano de Madrid. El ejército consiguió reprimir la insurrección.
La resistencia del cantón de Cartagena le convirtió en el
símbolo de este movimiento en el que las ideas republicano-federales y
anarquistas se entremezclaron.
La guerra de Cuba
En 1868 se inició en isla caribeña una insurrección
anticolonial que derivó en lo que los cubanos denominan la “Guerra
Larga”. Tuvieron que pasar diez años hasta que las autoridades españolas
consiguieron pacificar la isla con la firma de la Paz de Zanjón en
1878.
Las conspiraciones militares alfonsinas.
Entre los mandos del ejército se fue imponiendo la
idea de la vuelta de los Borbones en la figura del hijo de Isabel II,
Alfonso. Pronto empezaron las conspiraciones para un pronunciamiento militar.
La república del año 1874: el golpe del general Pavía
y el camino a la Restauración.
El 4 de enero de 1874, el general Pavía encabezó
un golpe militar. Las Cortes republicanas fueron disueltas y se estableció un
gobierno presidido por el general Serrano que suspendió la Constitución y los
derechos y libertades.
El régimen republicano se mantuvo nominalmente un año más, aunque la dictadura
de Serrano fue un simple paso previa a la restauración de los Borbones
que planeaban los alfonsinos con su líder Cánovas del Castillo. La
restauración se vio finalmente precipitada por un golpe militar del
general Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874. El hijo de
Isabel II fue proclamado rey de España con el título de Alfonso XII. Se
iniciaba en España el período de la Restauración.
Evolución económica y social. El arranque del movimiento obrero (1833-1875)
Evolución económica
La población española se incremento a lo largo del período, aunque en menor medida que en los países más desarrollados. El descenso de la mortalidad y el mantenimiento de una alta natalidad explican esta tendencia. La mayor parte de la población siguió siendo rural. Se calcula que en 1865, el 80% de la población seguía viviendo en el medio rural.
La agricultura vivió una profunda
reforma basada en la abolición del régimen señorial, la supresión
de los mayorazgos y las grandes desamortizaciones de
Mendizábal y Madoz. Con este conjunto de medidas se liberalizó la
agricultura, permitiendo que la tierra pudiera circular libremente en el
mercado, y se eliminaron los frenos que impedían el desarrollo de una
agricultura capitalista dirigida al mercado. La mayor parte de la tierra pasó a
manos de propietarios privados individuales.
La gran transformación económica de este período fue
el proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos iniciado en 1835 por
el progresista Mendizábal, que luego vino a ser completado por el
también progresista Pascual Madoz durante el Bienio
progresista con la desamortización de los bienes de los municipios.
Juan Álvarez de Mendizábal, bien desde el cargo de
ministro de Hacienda o presidiendo el Consejo de Ministros, inició la desamortización
de los bienes y tierras eclesiásticas amortizadas en 1836, además de
suprimir las órdenes religiosas (clero regular).
La desamortización consistió básicamente en la expropiación
de los bienes desamortizados y su nacionalización y posterior venta en pública
subasta al mejor postor.
La desamortización tuvo tres objetivos:
· El objetivo principal
fue financiero. Buscar ingresos para pagar la deuda pública del
Estado, además se conseguirían fondos para la guerra carlista.
· Había también un
objetivo político: ampliar la base social del liberalismo con
los compradores de bienes desamortizados. Además, buena parte del clero regular
apoyaba a los carlistas.
· Finalmente, se planteó
de forma muy tímida un objetivo social: crear una clase media
agraria de campesinos propietarios.
Los resultados no fueron todo lo positivos que
se podría haber esperado:
· No solucionó el grave
problema de la deuda pública
· En el terreno
político, el liberalismo ganó adeptos, pero también se creó un foso
que perduró largo tiempo entre el liberalismo entre la opinión pública
católica.
· En el terreno social,
la mayor parte de los bienes desamortizados fueron comprados por nobles
y burgueses urbanos adinerados. Los campesinos pobres no pudieron
pujar en las subastas.
· La
desamortización no sirvió para mitigar la desigualdad social, de
hecho, muchos campesinos pobres vieron como los nuevos propietarios burgueses
subieron los alquileres.
Los resultados de la desamortización explican porque
la nobleza, en general, apoyó al liberalismo, y porque muchos campesinos se
hicieron antiliberales (carlistas), al verse perjudicados por las reformas.
La Iglesia vio desmanteladas las bases
económicas de su poder. A cambio de la expropiación el Estado se
comprometió a subvencionar económicamente al clero. El primer ejemplo
presupuestario fue la Dotación de Culto y Clero de 1841.
La última gran desamortización se inició en 1855
mediante una ley elaborada por Pascual Madoz. Afectó
esencialmente a las tierras de los municipios y supuso la
liquidación definitiva de la propiedad amortizada en España.
Sus resultados tampoco fueron muy positivos:
· Arruinó a los
ayuntamientos, que, entre otras cosas, estaban al cargo de la instrucción pública
· No solucionó el
sempiterno problema de la deuda pública.
· Perjudicó a los
vecinos más pobres que se vieron privados del aprovechamiento libre de las tierras
comunales.
Pese a sus insuficiencias y errores, las
desamortizaciones de Mendizábal y Madoz cambiaron de forma radical la situación
del campo español. Baste con señalar que afectaron a una quinta
parte del conjunto del suelo. Lamentablemente, el atraso técnico y el
desigual reparto de la propiedad de la tierra siguieron siendo problemas clave
de la sociedad y la economía españolas.
En la industria España vio como la
revolución que se había iniciado en Gran Bretaña y se extendía a otras zonas
del continente, sólo afectaba de forma muy localizada al país en Cataluña y
País Vasco.
Diversos factores explican este retraso:
· Escasez de carbón y
materias primas
· Atraso
tecnológico y dependencia del capital exterior
· Falta de articulación
de un mercado interior caracterizado por las dificultades de
comunicación y por el bajo poder adquisitivo de grandes masas de la población
· Factores
políticos como la pérdida del mercado colonial, los destrozos de la guerra de la
Independencia o la inestabilidad política.
La expansión del tendido ferroviario fue
un factor clave de modernización como en el resto del mundo. España llegó con
retraso al nuevo medio de transporte y la primera línea fue la construida entre
Barcelona y Mataró en 1848. Curiosamente, el primer ferrocarril en los dominios
españoles fue construido en Cuba en 1837 en el trayecto La Habana-Güines. Tras
la promulgación de la Ley General de Ferrocarriles en 1855 tuvo
lugar un verdadero "boom" del ferrocarril. En 1866 la red
alcanzó los 5.145 kilómetros de extensión.
La política comercial fue en general proteccionista.
Las leyes arancelarias de 1841 y 1849 favorecieron los intereses de los
industriales del textil catalán y de los terratenientes castellanos
cultivadores de trigo. Sólo durante el Sexenio Democrático se intentó una
política liberal con el Arancel Figuerola de 1869. La Restauración significó de
nuevo la vuelta al proteccionismo con la ley arancelaria de 1875.
En el terreno financiero este período
se caracteriza por las dificultades de la Hacienda estatal agobiada por
la Deuda Pública. Pese a estos problemas en este período se
adoptaron algunas decisiones históricas:
· En 1856 se creó
el Banco de España que vino a sustituir al Banco Español de
San Fernando. En 1874 quedó configurado como banco nacional con el monopolio de
la emisión de papel moneda.
· En octubre de 1868 se
adoptó la peseta como nueva unidad del sistema monetario.
La evolución social
El principal rasgo de este período es la paulatina
desaparición de la sociedad estamental y su sustitución por una sociedad
de clases basada en el derecho de propiedad y en la igualdad
ante la ley. Esta nueva sociedad permitió mucha mayor movilidad
social, bien por el éxito en los negocios, bien por la carrera
administrativa y, sobre todo, militar.
Se configuró un nuevo grupo social dominante configurado
por la alta burguesía(empresarios textiles catalanes, financieros
madrileños y vascos...), la oligarquía terrateniente propietaria
de grandes latifundios especialmente en la España meridional, y los altos
cargos del estado y el ejército.
Por debajo emergieron unas clases medias
urbanas no demasiado numerosas (pequeños propietarios rurales y
urbanos, oficiales del ejército, funcionarios, médicos, profesores...)
La población campesina configuraba
la mayoría de la población del país y era bastante
heterogénea: propietarios, arrendatarios y jornaleros sin
tierra que conformaban más de la mitad de la población rural.
Por último, ligada a la débil industrialización, se configuró un pequeño grupo de obreros industriales.
Los orígenes del movimiento obrero en España
La débil y muy localizada industrialización española
explica la debilidad del movimiento obrero hasta el sexenio democrático.
Se calcula que en 1860 había en torno a ciento cincuenta mil obreros
industriales en el país, más de la mitad de los cuales vivía en Cataluña.
No obstante, ya desde la década de 1830 nacieron
algunas asociaciones, como las “sociedades de auxilio mutuo”; se
produjeron algunas protestas de carácter ludita, como los
conflictos en 1835 en la fábrica “El Vapor” en Barcelona, o las protestas
contra las “selfactinas” (self-acting, máquinas automáticas de hilar) en 1854; la
aparición de los primeros periódicos. Estas primeras manifestaciones del
movimiento obrero fueron duramente reprimidas por los gobiernos de la época.
El movimiento obrero durante el sexenio democrático
Las libertades políticas permitieron un importante
impulso al movimiento obrero durante el sexenio.
En 1864 se había creado en Londres la Asociación
Internacional de Trabajadores (A.I.T.), donde durante un cierto tiempo
convivieron los seguidores de las ideas de Carlos Marx (marxistas o
socialistas) y los seguidores de Mijail Bakunin (anarquistas).
Las nuevas libertades traídas por la "Revolución
Gloriosa" permitieron la creación de la Sección Española de la
A.I.T. Su fundación se debió al impulso del anarquista italiano Giuseppe
Fanelli. Desde un principio en los "internacionalistas" españoles
hubo claro predominio de la ideología anarquista, inspirada en el
pensamiento de Bakunin. Como era de esperar por su mayor grado de
industrialización, el movimiento anarquista tuvo un mayor desarrollo en Cataluña.
Por otro lado, Paul Lafargue, yerno de
Marx, vino a nuestro país a propagar las ideas del marxismo. En
1872, creó un pequeño grupo madrileño que poco después daría
lugar al PSOE.






